viernes, 31 de agosto de 2012

La Sociedad de la Luna de Fuego - capítulo 4



 
Cuarto Capítulo
“La décimo quinta vez”


El Ser Humano está ciego por las mentiras, sordo a las verdades
y mudo para sus pensamientos.


Cuando salió de la casa Damon ya la esperaba junto a la verja, parado con la espalda apoyada en un poste de madera y la mirada fija en el suelo. Nara conocía a su amigo, él estaba cuestionándose haber cometido algún error, y siendo los mejores amigos desde que tenían uso de razón, Nara sabía que él se sentía culpable por el accidente del día anterior.

—¡Ey! —lo llamó tomando su hombro con suavidad. Él se volteó a mirarla, sus ojos se veían atormentados y aquello se acentuaba con las enormes ojeras bajo ellos— Lamentándote aquí no llegaremos a ver cómo quedó en bosque.

Una sonrisa se mostró en el rostro de Damon,  demostrando cuánto se conocían y la capacidad que tenían de influir el uno en el otro.

—Yo… —Damon cambió su expresión amistosa a nerviosismo— siento no…

Nara lo cortó tomándole la mano y tirando de él para hacerlo caminar.

—Hablaremos en el árbol, no quiero que mi papá se enfade nuevamente conmigo y se descargue con Edith.

—¿Qué pasó?

Nara lo pensó un momento ¿sería buena idea contarle a él? Era su mejor amigo, se conocían de toda la vida, pero aun así él era un hombre y Nara desconfiaba de ellos desde que su propio padre había golpeado a su hermana hasta dejarle esas feas marcas en su cuello.

—Vamos al árbol —respondió finalmente, comenzando a caminar sin mirar a Damon, aun tomando su mano para apresurarlo.

Caminaron en silencio todo el trayecto hacia el bosque, mientras Damon apretaba su mano cada tanto como si quisiera mostrarle que él estaba ahí para ella, pero Nara no necesitaba aquello para saber que él siempre estaría ahí. Así habían sido el uno con el otro desde niños, cuidándose mutuamente, y Nara sabía que aquello jamás cambiaría.

Cuando llegaron al árbol que se había convertido en su habitual refugio, aquel que estaba frente al pequeño pueblo, muy cerca del rio y desde el cuál podía verse las plantaciones de hortalizas; subieron sin mayor esfuerzo, ya estaban acostumbrados a hacerlo. Se sentaron en una de las ramas más altas, desde la cual Nara tenía vista de todos los movimientos que estaban ocurriendo en el pueblo.

—¿Ahora sí me contarás qué ocurrió con tu hermana? —Preguntó Damon tomando su mano con suavidad y acariciándola con su dedo pulgar en el dorso.

—Lo de siempre Damon, tú y tu hermano no saben de estas cosas, son hombres, jamás serán vistos como seres inferiores.

—Eso es lo que tú crees —había enigma en las palabras de Damon, una que la llevó a mirarlo a los ojos en busca de alguna respuesta—. Mi padre sigue repitiéndole una y otra vez a mi madre que debimos ser mujeres, que ella está fallada de alguna manera y que más le vale quedar embarazada de una pronto. No sé por qué tanto afán de tener una mujer, tampoco sé qué tipo de amenazas le hará a mi madre cuando Daniel y yo no estamos cerca, pero de que mi padre nos ve como seres inferiores, de eso es lo único de lo que estoy seguro.

—Pues entonces múdense con mi padre y nosotras nos vamos con el tuyo. Porque lo que es mi padre está obsesionado con los hijos varones y no dejaba de repetir que el día que mi madre muriese sería el mejor de su vida porque podría mejorar su estirpe. 

Ambos se miraron a los ojos y a los poco minutos no pudieron aguantar las risas, zarandeándose en el árbol que se movía violentamente con ellos.

—Creo que tengo que hacer algo con Edith —dijo cuándo la risa dejó su cuerpo.

—No te preocupes por ella. Lía me dijo que esto sería normal por un tiempo, que ella conocía la forma en que todo esto se desarrollaba.

—¡Normal! —un escalofrío le recorrió la espalda. El mundo estaba loco si creía que golpear a una persona a ese punto podía ser normal.

—No te inmiscuyas en eso Nara, ya veremos cómo ayudar a tu hermana, pero ir contra tu padre puede ser peligroso.

Nara sabía que Damon tenía toda la razón, era peligroso para ella contradecir al patriarca de la comunidad, pero ¿cómo aceptar que a su hermana la golpeasen al punto de rogar por ayuda? ¿Cómo permitir que su propio padre las dañara?

Miró hacia el horizonte pensativa, viendo las plantaciones que a esa hora estaban siendo cultivadas por los hombres, mientras las mujeres ayudaban a sostener cestas con diversos artículos necesarios para la actividad. Entonces, en la entrada a los huertos, vio a su padre caminar conversando con Iker.

El joven forastero de los ojos Jade seguía al patriarca atento a lo que éste le decía, caminando entre los hombres que mantenían los cultivos funcionando. 

Nara se sonrojó, no podía sacar de su mente el sueño erótico que había tenido con ese hombre, ni la inevitable necesidad de tocarse pensando en él bajo la ducha. Se estaba volviendo loca y si alguien descubría todo aquello sería castigada de por vida por su padre.

Cuando sentía que la vergüenza sería evidente para Damon y que tendría que contarle qué le estaba pasando, la mirada de Iker se cruzó con la propia, con aquel peso Jade que le cortó la respiración y la llevó a apretar las manos con nerviosismo.

Entonces, sin previo aviso, las manos de Damon se posaron en sus costillas y Nara supo lo que vendría. Las cosquillas la hicieron retorcerse de risa, moviéndose en la endeble rama del árbol, mientras Damon seguía sus risas, pero él de forma victoriosa.

—¡Dejame! —le rogó sin parar de reír, pero Damon continuó su asedió incesante.

En ese momento su cuerpo se movió con violencia, saliéndose de la rama que lo sostenía y perdiendo por completo el equilibrio. Cerró los ojos, caería esta vez.

* * *

Estaba aburrido de escuchar a aquel hombre hablarle de plantaciones y criaderos de animales. Eran las típicas tareas del patriarca, de las que había renunciado y escapado meses atrás, la razón por la que había dejado a su hermano sólo.

Ver a los hombre cultivar la tierra era para Iker como ver a una mujer con un grueso abrigo, nada interesante frente a la posibilidad de verla desnuda.

Suspiró, se había equivocado corriendo hasta ahí cuando escapó. Ahora estaba perdido en medio de una Sociedad que no conocía y con gente que estaba igual o más loca de lo que había estado su padre antes de morir.

—¡Normal! —escuchó un grito lejano, pero su agudizado oído le permitió reconocer la voz de Nara.

La buscó con la mirada, pero cerca de los cultivos ella no estaba. Miró a los alrededores, pero tampoco la encontró ahí. Entonces sus ojos se dirigieron al bosque que el día anterior se había estado incendiando.

Sentada en lo alto de un pino estaba Nara, con su maravilloso cabello rojo ondeando como llamas al viento. Sus ojos estaban fijos en él, intensos y majestuosos. 

Parecía estar sentada junto a alguien, pero desde esa distancia sólo podía distinguir que se trataba de un hombre.

Sus manos se apretaron de rabia, sabía que no podía poseer a esa mujer por órdenes del hombre al cual seguía en aquel momento, pero aun así no podía evitar sentirse celoso de la cercanía que parecía haber entre ellos.

Entonces vio al hombre acercarse a Nara y abrazarla por la espalda, mientras la rabia hervía poco a poco en su cuerpo, viendo cómo Nara comenzaba a retorcerse entre risas bajo el toque de él. 

Sus piernas se tensaron, no podía ser seguro que jugasen así en la rama de un pino y cuando vio a Nara caer supo que sus presagios eran reales. 

Se echó a correr automáticamente, sin importarle si el patriarca lo seguía, si el hombre se sentía insultado si luego lo castigarían por dejarlo hablando solo. Tenía que salvar a Nara…

* * *

Sentía su cuerpo mecerse con el viento, mientras su pelo se movía como ráfaga colorina en la misma dirección. Sus ojos estaban cerrados, había sido así desde que sintió que su cuerpo comenzaba a caer, pero luego de unos instantes decidió que era mejor abrirlos y descubrir si estaba o no muerta.

Cuando abrió los ojos se encontró que su cuerpo colgaba en el aire, sujeto sólo por la mano de Damon, quien le sonreía de cuclillas en la rama del árbol. 

—¿Cuántas veces serían ya? —preguntó a Damon entre pequeña risitas.

—Esta sería la décimo cuarta—respondió él enanchando su sonrisa y haciendo fuerza para levantarla.

Entonces vio el pie de Damon desestabilizarse de la rama, resbalando violentamente, mientras un grito suplicante salía de sus labios sin que pudiese evitarlo y la imagen de ambos muertos se presentaba en su mente. 

Manoteó salvajemente en busca de algo que los contuviese, para así evitar el golpe contra el suelo, dando entonces con una rama mucho más débil que en la que habían estado sentados, pero aun así salvadora. Se aferró al árbol con todas su fuerzas, sintiendo su carne rasgarse por la corteza de éste y la sangre emanar de ella con su repugnante olor.

Abrió los ojos, seguían vivos gracias a la endeble rama, pero ahora se mecían con más fuerza por la violencia del viento que a esa hora corría.

—Décimo quinta vez —dijo medio sonriendo, sintiendo su mano quemar contra la corteza.

La riza de Damon la hizo reír también, mientras comenzaba a mecerse con más violencia por decisión propia. Era la única manera que Damon alcanzara un rama en la que sujetarse y pudiese ayudarle a ella a estabilizarse al fin.

—¡Falta poco! —gritó él en el momento en que sentía que su brazo se dislocaría por la fuerza que estaba ejerciendo.

La mano de Damon se soltó de la suya, corroborándole que su amigo estaba a salvo en una de las ramas del pino. Sentía su brazo palpitar del dolor, y sus ojos e cerraban con fuerza para resistir. Miró a Damon, quien estaba avanzando por la rama con lentitud para llegar a ella. Pero sus ojos e fueron directo de su salvador amigo a la presencia del embriagador forastero de los ojos jade, mientras su cuerpo se excitaba ante la expresión demandante de él.

“Mierda” se dijo justo cuando su hombro se dislocaba de repente y caía del árbol directo a los brazos de Damon.

Un grito desgarrador se escapó de sus labios, junto a las lágrimas que surgieron en sus ojos. El dolor era horrible, como si le estuviesen quemando la carne por dentro en aquella zona. Un dolor incesante que no frenó siquiera cuando Damon con un movimiento brusco volvió a posicionar el hueso en su lugar.

—Tranquila —lo escuchó decir, pero ¿cómo podía estar tranquila cuando sentía que le había cortado el brazo a la altura del hombro? ¿Cómo calmarse cuando sabía que el forastero de ojos jade la estaba mirando, clavando sus exigentes ojos en ella?

Se abrazó a Damon con el brazo que no le dolía, mientras él la abrazaba con cuidado de no tocar su hombro.

—Creo que deben ser más cuidadosos cuando deseen besuquearse en el bosque —La voz de Iker interrumpió sus sollozos adoloridos, haciéndola sonrojar con sus palabras.

—¡¿Besuquearse?! —Su cuerpo se tensó, aquella voz era la de su padre, estaban perdidos— ¡Nara! ¡¡Baja de ahí ahora mismo!!

Nara se volteó a ver a su padre, sintiendo el viento tocar suavemente sus lágrimas y enfrían su piel.

—Bajemos —le dijo a Damon.

Su amigo obedeció bajándola con cuidado, susurrándole al oído palabras de clama que en ningún momento surtieron efecto en ella.

Cuando sintió que los pies de Damon tocaban suelto su cuerpo se contrajo de temor, su padre la mataría por las palabras de Iker. Cerró los ojos esperando que Damon la bajara de sus brazos, pero a cambió sólo sintió que unas manos agarraban con fuerza su hombro herido, sacando de ella un alarido lleno de angustia y temor. Su padre la había tomado en sus brazos con tal brusquedad, que sabía sin que él se lo dijese que la golpearía hasta hacerla suplicar por ayuda.

—¡Tendrás que explicar muy bien esto si no quieres terminar como Damon de seguro lo hará! —Las palabras de su padre la hicieron abrir los ojos y mirar a su amigo. Él parecía atormentado, mientras su manos se apretaba en puños y en sus ojos se reflejaban los deseo de salvarla de los brazos del patriarca, pero Nara negó con su ojos, para que él comprendiese que estaría bien, que sólo debía preocuparse por sí mismo— ¡Vamos! —dijo su padre mientras comenzaba a caminar.

Al instante Nara escuchó los pasos de Iker seguir al patriarca. Se volteó para mirarlo, viendo que tras él quedaba un humillado y compungido Damon. Si algo ocurría a su amigo Nara asesinaría a Iker con su propias manos. Se alejaría de ese hombre que no le había traído más que problemas.



Gracias por los comentarios anteriores, espero que también les gustase esta capítulo. aprovecho también de hacer las advertencias que por alguna extraña razón blogger no me deja hacer: el blog es para mayores de 18, pero si pongo el aviso el blog no carga. Así que de ahora en adelante quien continue leyendo será bajo su responsabilidad, esperando no traumar a nadie con lo que escribo xD. besos!

1 comentarios:

Patricia :D dijo...

:O! Iker me está empezando a caer realmente mal. Como por su culpa ahora le peguen a Nara o le ocurra algo a Damon, sentiré un odio infinito hacia él xD

Publica pronto, si? :)
Un beso!

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